Crónica- Julia Mendez

CRÓNICA
CUMPLI MI SUEÑO: VER EL CRÁTER DE UN VOLCÁN Y ESTE FUE EL DEL PURACÉ

Por Julia Elvira Mendez

Miércoles santo de 2013

Faltaban dos días para ese miércoles santo de 2013 fecha en que estaba
programada, dentro de la excursión, la subida al Volcán del Puráce, las noches
anteriores me despertaba y me preguntaba ¿si lograré ese ascenso? 4. 650
metros sobre el nivel del mar (s.n.m.), me inquietaba y me preocupaba no llegar
a la cima, pero me decía: es tu oportunidad, tú lo puedes lograr, anímate…
El martes en la noche, después de la comida, el guía de la excursión, José Luis,
nos convocó a los 18 viajeros que habíamos llegado a la hermosa y religiosa
ciudad de Popayán a pasar la Semana Santa, y nos preguntó ¿quiénes estarían
dispuestos a subir al Volcán del Puracé? confirmamos seis personas tres jóvenes y tres damas mayores.
La levantada fue a las 4 de la mañana, preparamos buen atuendo: botas,
impermeables, chaqueta, bufanda, guantes y morral con fiambre: almuerzo y
refrigerio. A las 5:30 a.m. pasamos por el comedor del hotel donde, muy
amablemente, nos habían preparado un frugal desayuno, a las 6:00 a.m. partimos de Popayán en la buseta que nos llevaría al frío pueblo del Puracé, allí nos tomamos una deliciosa y caliente agua de panela acompañada con una rica arepa por un valor de $ 2.000, este delicioso y barato segundo desayuno estaba preparado por unas sencillas y amables señoras que en su mirada transmitían la ternura y amabilidad que irradia la gente sencilla y buena de los pueblos.

«No podía creer estar al frente de este impresionante lugar, definitivamente los fenómenos naturales son de respeto.»

En ese sitio nos esperaban: Don Cubita – sobrenombre con el que es conocido en la región – un experimentado conductor, hombre recio de ojos verdes lindos, piel tostada por el sol y el viento, a pesar de sus años todavía conserva sus facciones finas y se nota que en su juventud mataba corazones, muy amable y sobre todo un viejo “lobo” avezado en el manejo de su Nissan modelo 1986 el que maneja con una pericia envidiable, y estaba Noé, un indígena paez que trabaja como guía en el Parque Nacional del Puracé, hombre muy humilde, sencillo y muy servicial quien nos guiaría en esta travesía. Ocupamos el carro de don Cubita e iniciamos la subida al campamento, la vía en un terreno destapado, riesgosa y miedosa, – pasamos por La Mina de azufre que, según contaba Noé, estaba en receso de producción por el bajo costo que pagan por el azufre, ¡qué pesar! porque entendí que era propiedad de los indígenas de la región quienes se unieron y lograron pasar de ser trabajadores a organizarse y ser los dueños de la mina-. En algunos tramos difíciles y peligrosos tenían que bajarse del carro los señores y  caminar y más adelante los recogíamos, las tres damas teníamos el privilegio de ir en carro, así llegamos al campamento base.

Cuando me baje del carro y miré la cima del volcán sentí angustia y dude mucho de lograr llegar a la meta, sin embargo, me coloque mi morral a la espalda, invoqué al Dios Creador e inicié el ascenso, a medida que iba caminando empecé a sentir que avanzaba tres pasos y me devolvía cuatro… el terreno estaba lleno de piedra y cascajo resbaladizo, en algún momento miré hacia arriba y vi que iban punteando los sardinos y pensé, oh juventud, divino tesoro… volví a mirar atrás y vi que, Marlen, mi compañera de cuarto en el hotel, iba rezagada pero me tranquilicé cuando vi que nuestro responsable guía la iba acompañando entonces me dije: si los que van adelante pueden yo puedo y saqué toda mi energía, recordé la importancia de un buen manejo respiratorio y seguí adelante, en no sé qué momento alcancé a los tres punteros, sentí una emoción inmensa y grite: Gracias a ti Dios mío por darme fuerza, sin embargo, todavía miraba la fumarola del volcán y la veía muy lejos, la temperatura era muy baja y sentía que el viento soplaba y silbaba muy fuerte, afortunadamente iba muy bien protegida pues después observe que uno de los jóvenes no iba preparado en su atuendo y recibió los rayos solares, su piel blanca era de un rojo intenso e igualmente sus manos, me impresionó mucho y cuando regresamos a Popayán le ofrecí un remedio casero que proporcionamos los viejos de nuestra generación, efectivamente, a los dos días noté que había mejorado..

Pero continúo mi relato: por fin logré la cima en ese momento pudimos observar el sobrevuelo de una pareja de cóndores, qué espectáculo, estuvieron muy cerca de nosotros y pudimos tomar lindas fotos, quedé maravillada con el color de sus plumajes. Luego me acerqué a ver el cráter del volcán quedé impactada, petrificada y sentí mucho miedo nunca imaginé qué inmenso y profundo es y no podía creer estar al frente de este impresionante lugar, definitivamente los fenómenos naturales son de respeto… desde ese sitio observé un paisaje espectacular, a lo lejos se veía la laguna donde nace el río Cauca, qué hermoso paisaje y qué lindos lugares tiene nuestra querida Colombia. Pero ahí no terminaba la emocionante aventura, Noé nos dijo: “estando acá hay que darle la vuelta al volcán” qué miedo, le dije y me contó: – y esto es algo que nos debe animar a todos los mayores – hace dos años una señora de 75 años vino de Cali y trotando le dio dos vueltas al cráter del volcán, ésta anécdota tan interesante me animo e iniciamos la marcha por una cuchilla miedosa pues teníamos el cráter del volcán a un lado y un abismo al otro y el espacio para caminar era muy angosto, sentí pánico… me acordé de mi papá que cuando niña me llevaba a su finca, una finca muy linda en el municipio de Machetá y me decía cuando caminábamos por senderos angostos y difíciles: “míreme a la nunca y no mire a los lados para que conserve el equilibrio”, así lo hice miraba la nuca de Noé que iba adelante, sentía que el viento me iba a voltear y los minutos de la travesía me parecieron eternos, pero lo logré… no me cambiaba por nadie.

En el camino de regreso nos encontramos a un extranjero Méxicano, un muchacho joven que nos saludó muy amablemente y que creo debía ser un estudiante de Ingeniería de Minas para atreverse a hacer esta subida sólo. Luego nos encontramos con una pareja que iba acompañada también de un guía, noté que iban muy agotados, no tenían el atuendo adecuado y me pareció que era muy tarde para lograr la cima, quedé intrigada… pero al día siguiente en un recorrido al Parque del Puracé, Noé me contó que se habían devuelto pues ya era muy tarde para lograr subir, el Mexicano regresó al campamento a las seis de la tarde, logrando su meta.

En el trayecto del descenso me quedé de última para bajar con calma y pude
tener la compañía de Noé quien me animó con sus historias, me contó que en
1947 el volcán había explotado y habían fallecido 16 estudiantes de la Universidad del Caucá, quedé preocupada e intrigada con la historia y luego de llegar a Puracé, y tomar unas onces deliciosas, regresamos a Popayán. Pero antes de ir a tomar una deliciosa ducha y dormir profundamente con una satisfacción muy grande por haber llegado al imponente cráter, investigué en internet sobre la tragedia del volcán y me encontré con la historia de la muerte de los estudiantes de la Universidad y leo que de los 18 fallecieron 16, se salvaron dos: uno porque iba tarde, otro porque logró meterse en una cueva al lado de un compañero que estaba tendido boca abajo y a quien al terminar la explosión le dijo “vámonos que ya pasó” y el compañero ya no se pudo ir… estaba muerto…
Gracias a la Empresa Viajar y Vivir dirigida por Leonidas y José Luis, he podido
conocer sitios lindos y maravillosos de esta hermosa Colombia. Muchas
bendiciones y lo mejor en todo para ellos y sus coequiperos por la bonita labor
turística que realizan.
JULIA ELVIRA MÉNDEZ CORTÉS

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