Crónica – Roberto Ramirez

CRÓNICA EN POS DE LA CUCHARITA

Por Roberto Ramirez

El Grupo reunido en Colseguros parte ansioso en busca de la “cucharita”,
aquella que hiciera famosa el maestro Jorge Velosa, raquireño por
antonomasia y que con su “canta” la hizo famosa.
Los abordo en Zipaquirá y continuamos en la travesía para toparnos con un
“trancón” siendo las 7:00am, en dónde? Nada más y nada menos que en el
peaje de Casablanca, por fortuna se despeja la carretera y don Alberto
nuestro conductor nos traslada hasta la población de Ubaté. Donde
Manuelito y la Negra degustamos el “segundo desayuno”.
Arribamos a Saboyá con el pensamiento y la ansiedad de conocer la
cucharita, pero eso, tiene que esperar.
Nuestro guías: Leonidas quien encabeza, José Luis su hijo(cumpleañero por
demás), John Jairo y Edwin, el primero un chico entusiasta oriundo de Saboyá
y quien le sigue, un chiquinquireño de pura cepa, son quienes nos dán la
bienvenida!
Quienes conforman el grupo? La chicas “duras”, unas que repiten, otras que
replican, y las de más allá que reclaman y nos dirigimos a la caminata…!
No hay tiempo de cambio o recambio de zapatos o botas, directo a la cueva
del Mohán, una experiencia inigualable para este, contador de historias ,
luego de avanzar un trecho, y estrecho por demás , 5 metros fue suficientes
para vencer la claustrofobia!! Todo un logro ¡!!
Nos enteramos de fuente fidedigna que la niña Marlén está de cumpleaños, y
por supuesto habrá francachela y habrá comilona, la sola idea de
degustar del bizcocho de Marlen…! Vaya!! No sean malpensados. O Mejor…
bien pensados?
También es el bizcocho de José Luis que también cumplirá años, eso es
fabuloso ¡!! Al por mayor es más barato!!
Por fin el almuerzo ¡! A campo abierto, y como se hace en comunidad, se
comparten las viandas y se acrecienta el ambiente de solidaridad y alegría de
todos. Y… nada de la cucharita!
Llueve copiosamente y la piedra pintada ahora es piedra mojada, nos relatan
la historia del cacique Saboyá, por consiguiente nos impresiona el conocer
esa historia ancestral.

«Hasta que, por fin !! Al frente con un sonido atronador, si, ahí al frente nuestro, el espectáculo que la naturaleza tiene preparado para aquellos que se atreven mediante el esfuerzo a ir a verla, la cascada más hermosa que haya visto, (bueno todas son bellas), pero ahí no paraba el ascenso.»

Visitar el páramo Telecom nombre comercial, con sus majestuosas e
intimidantes torres que montan guardia a la vegetación del páramo cuyo
verdadero nombre es: Páramo de Saboyá.
La naturaleza como siempre sorprende desde lo más pequeño, hasta lo más
arbóreo. Por fortuna el bus nos llevó hasta allí.
No sé si me adelanto o me atraso, pero al descender por el sinuoso
carreteable, un espectáculo alucinante nos hizo detener para admirarlo ¡! El
arco iris centelleante al pie del cerro se nos muestra con todo su esplendor y
magia, lo que en principio parecía un incendio, todo porque a la niña Ceci
formó la alharaca más grande de este mundo tanto que se salía por las
ventanas ( la alharaca por supuesto ), al detenernos, pudimos deleitarnos al
verle, vaya! Qué hermosura .!!
Luego nos llevan al alojamiento , dícese hotel El Dorado, por fin ! Nos
sorprende la decoración de la habitación en una compleja mezcla de
innovación, gusto irreverente y sorprendente!!
La siguiente jornada nos lleva a Montes de Luz con su caída de agua llamada
La Chorrera de Garavito, sencillamente espectacular !
Y luego caminata, y otra caída de agua, o chorro, como quiera llamarle, se
deja admirar por su belleza, y luego otra y así, sucesivamente.
La caminata extenuante como todas, pero gratificante.
Cabe anotar que mientras el grueso del grupo se dirigía a los pozos azules?,
nosotros iniciamos el retorno, con las indicaciones de seguir por el mismo
camino. Lo que no supimos es nos estaban haciendo “la jugadita”.
Mientras consumíamos el almuerzo en el Parador Azul, con sancocho y pollo
sudado (también estuvo de caminata), fuimos a recibirlos a otro lugar, más
accesible y corto ! Para que vean !!
En la noche vamos en combo a cenar hamburguesas; y posterior una cálida
reunión en el hotel para cantar el cumpleaños a los cumpleañeros que
cumplían años! Vaya que redundancia, pero cierta. Bueno un poco de humor
no sobra !
La niña Marlén y José Luis los homenajeados en esta oportunidad, nos
embriagaron con gaseosa y un exquisito ponqué u torta que llaman.

Y, así culmina una jornada más…!!
Luego de desayunar en El Desayunadero nos encaminamos presurosos,
animados, hacia la Quebrada Los Robles a ver la Chorrera Velandia, justo en
la vereda del mismo nombre, y con la idea de conocer a don Dagoberto
Martínez, quien es el tallador de la cucharita, aquella famosa “cucharita”.
Lastimosamente no pudimos conocerle, de alguna desconocida manera nos
evadió, total hoy tampoco se pudo, nos deja una sensación de vacío en el
alma…! Snif ¡ y muchísimos Snifs.
Y, comienza el ascenso por la quebrada; Rambo es un pobre aparecido frente
a nosotros, cruzamos muchas, muchisisisimas veces la quebrada, toda una
proeza ¡ subíamos por resbaladizas rocas, ayudados con cuerdas, bastones y
un entusiasmo!!
Hasta que, por fin !! Al frente con un sonido atronador, si, ahí al frente
nuestro, el espectáculo que la naturaleza tiene preparado para aquellos que
se atreven mediante el esfuerzo a ir a verla, la cascada más hermosa que
haya visto, ( bueno todas son bellas ),pero ahí no paraba el ascenso.
Luego de la consabida sesión fotográfica, con las poses características de las
chicas, se inicia lo que sería lo más riesgoso del ascenso, un sendero estrecho
y que a este contador de historias, le causa pánico, le tiemblan las piernas y
algo más…!
En un momento al tratar de llegar a la otra caída de agua, ( bella por cierto ),
por poco y se cae Yolanda al resbalarse por el terreno liso, por fortuna estaba
bien asegurada de la cuerda, vaya susto!!
Hasta que casi al final del trayecto, compré terreno, justo la rodilla derecha
falla… y al suelo …! ( Parodio una frase del grupo: De jeta contra el planeta)!!!
Pero eso no debe ser óbice para no continuar, por fortuna se dulcifica un
poco la cuesta y luego de tomar un refrigerio y merecido descanso nos
dirigimos a la Fundación Loma Linda Campestre, donde nos indican que la
caminata es de 15 minutos (ese mismo tiempo nos lo confirma un habitante
de la región), lo cierto es que después de 45 minutos las fuerzas nos
traicionan y desistimos de descender.
La princesa nos hace el favor de comprarnos la miel, iniciamos el retorno
Cecilia, Yolanda y yo, pero, eso sí nos tomamos el tiempo para “almorzar”,

con ese fondo y silencio, es la quinta esencia del senderismo y el objeto
principal del caminante.
Luego de cambiarnos de camisetas y ponernos algo más cómodos, nos
enteramos que la cosecha de papa es cada 4 meses, que la flor de la papa
criolla es rosada; morada la de la papa pastusa y la tocarreña o tucarreña,
conocida también como sabanera es de color oscuro casi negra.
Dialogar con el campesino siempre es enriquecedor.
El almuerzo ya de retorno en Las Delicias un restaurante con buena comida,
abundante y el servicio rápido marca prácticamente el retorno a casa.
Se hace una parada técnica en Ubaté y para tomar un tinto. El retorno a casa
nos dice a descansar y a prepararnos para la siguiente aventura.
Como siempre un “gracias” muy sentido a nuestros guías y a las niñas que
son las que hacen posible una travesía más.
Epílogo:
Cito en su totalidad un poema de José Manuel Marroquín

La Perrilla
Es flaca sobremanera
toda humana previsión,
pues en más de una ocasión
sale lo que no se espera.


Salió al campo una mañana
un experto cazador,
el más hábil y el mejor
alumno que tuvo Diana.


Seguíale gran cuadrilla
de ejercitados monteros,
de ojeadores, ballesteros
y de mozos de traílla;


Van todos apercibidos
con las armas necesarias,
y llevan de castas varias
perros diestros y atrevidos,


caballos de noble raza,
cornetas de monte, en fin,
cuanto exige Moratin
en su poema La Caza.


Levantan pronto una pieza,
un jabalí corpulento,
que huye veloz, rabo al viento,
y rompiendo la maleza.


Todos siguen con gran bulla
tras la cerdosa alimaña;
pero ella se da tal maña
que a todos los aturulla;
y aunque gastan todo el día
en paradas, idas, vueltas,
y carreras y revueltas,
es vana tanta porfía.


Ahora que los lectores
han visto de qué manera
pudo burlarse la fiera
de los tales cazadores,


oigan lo que aconteció,
y aunque es suceso que admira,
no piensen, no, que es mentira,
que lo cuenta quien lo vio,


Al pie de uno de los cerros
que batieron aquel día,
una viejilla vivía,
que oyó ladrar a los perros;


y con gana de saber
en qué paraba la fiesta,
iba subiendo la cuesta
a eso del anochecer.


Con ella iba una perrilla,
mas, sin pasar adelante,
es preciso que un instante
gastemos en describilla:


perra de canes decana
y entre perras protoperra,
era tenida en su tierra
por perra antediluviana;
flaco era el animalejo,
el más flaco de los canes,


era el rastro, eran los manes
de un cuasi-semi-ex-gozquejo;
sarnosa era, digo mal,
no era una perra sarnosa,
era una sarna perrosa,


y en figura de animal;
era, otrosí, derrengada;
la derribaba un resuello;
puede decirse que aquello
no era perra ni era nada.


A ver pues la batahola
la vieja al cerro subía,
de la perra en compañía,
que era lo mismo que ir sola.


Por donde iba, hizo la suerte
que se hubiese el jabalí
escondido, por si así
se libraba de la muerte.


Empero, sintiendo luego
que por ahí andaba gente,
tuvo por cosa prudente
tomar las de Villadiego.


La vieja entonces, al ver
que escapaba por la loma,
¡sus! dijo por pura broma,
y la perra echó a correr.


Y aquella perra extenuada,
sombra de perra que fue,
de la cual se dijo que
no era perra ni era nada,
aquella perrilla, sí,


cosa es de volverse loco,
no pudo coger tampoco
al maldito jabalí. 


Así como la perrilla no pudo coger al maldito jabalí.
Tampoco nosotros pudimos conocer al tallador de la » cucharita

Ramto.

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