Cronica del caminate-Roberto

CRÓNICA - Caminante no hay camino

Por Roberto Ramirez

Caminante no hay camino

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar

Poema muy conocido de Machado; habla del camino que uno se
labra en la vida. Se plantea la vida como un lienzo en blanco, y que uno
tiene que ir tejiendo a medida que vive, dejando el pasado atrás. Fue
musicado por Joan Manuel Serrat. 

He traído a colación este poema de Antonio Machado Ruiz, como
preámbulo de la crónica de la Semblanza de un caminante, cuya
pregunta me hago a mí mismo, ¿Qué se siente ser caminante?

Va mucho más allá de dar un paso a la vez, es sentir que vives, que
el anhelo de verse libre se hace realidad, observar la naturaleza, lo
que la madre tierra, la pacha mama nos ofrece: una infinidad de
senderos, de caminos, de obstáculos.

Qué te retas a ti mismo a vencer las cuestas, los descensos y el
camino “tendidito”, sentir el sudor en tu frente que la brisa
refresca, es ir en pos de los saltos de agua, las cascadas, las
cataratas por así llamarlas, aunque algunas no lleguen a esa
categoría, es vadear ríos pedregosos, es sentir la corriente de agua
en tus piernas que tiende a lanzarte de bruces, es resbalarse y caer,
en idioma del caminante “irse de jeta contra el planeta”, es deleitar
la vista con el paisaje.

Hoy que formo parte de ese selecto grupo de caminantes, es sentir
el privilegio de tener acompañantes de aventura y senderismo,
“trekking” le dicen hoy en día, es saber aprovisionarse de víveres,
líquidos hidratantes, botas, bastones, gorras, sombreros,
impermeable, gafas para el proteger los ojos, un excelente morral,
guantes y manguitas protectoras para los brazos, bloqueador solar
para el rostro, y hasta, porque no? De analgésicos y ungüentos para
los dolores articulares, además de un sin número de vituallas
personales.

Plasmar en la retina los paisajes de las montañas, laderas y colinas,
dehesas y collados y a su vez llevarlos de recuerdo en una o muchas
fotografías.

Ir en pos de la aventura, escalar y cruzar quebradas, escuchar a los
habitantes de cada sitio y compartir con ellos sus viandas y bebidas,
adentrarse en lo ignoto de las leyendas y los mitos, conocer aún
más cada planta, cada guijarro, cada sitio pleno de barro o de agua
cristalina.

Respirar el aire puro, desquitarse de la ciudad, ir donde los autos y
las motos no llegan eso hace que el esfuerzo valga la pena. Algunas y digo algunas porque la mayoría son mujeres, aquellas a
quienes denominamos el “sexo débil”, nos demuestran lo fuertes y
valientes que son, son las primeras en llegar, las que con sus
sonrisas nos alientan y hacen de cada caminata una delicia.

Si, ser caminantes es tener a nuestro planeta, al entorno que
visitamos y recorremos como nuestro, es sentir vida a nuestro
alrededor, es vivir una vida que muy pocos conocen y disfrutan.
Ser caminante en esencia es un don dado a pocos.
Ramto.

Esta entrada tiene 7 comentarios

  1. Sofia

    Que lindo felicitaciones

    1. ROBERTO RAMIREZ R.

      Muy gentil de tu parte. Saludos Roberto.

  2. Dianny

    Si Roberto definitivamente conectarnos con la naturaleza es nuestra realidad, es recordar lo que somos, vida, luz, amor, porque somos uno. Mil gracias

    1. ROBERTO RAMIREZ R.

      Gracias por comentarios, saludos, Roberto.

  3. Stella Riveros

    Felicitaciones. Tus crónicas son muy interesantes.

  4. ROBERTO RAMIREZ R.

    Gracias por tus apreciaciones, saludos, Roberto.

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