Cronica – Reconocer el Neusa – Edda Madrid

RECONOCER EL NEUSA

Por Edda Madrid-Malo

Caminata a El Neusa

Conocer El Neusa, desde tiempos de la niñez de mis hijos, me impulsó a vencer mis temores de una caminata por sus alrededores sin haber experimentado antes este tipo de actividad pero que, con la motivación y compañía de Amparo, me arriesgué.

 Encuentro con el transporte y el grupo a las 7.15 a.m. lo que hacía una realidad mi decisión. 

Salida de Bogotá por una autopista congestionada, increíble un domingo a esa hora, pero en la medida en que nos alejábamos comenzamos a avanzar a buen ritmo tomando la vía a Zipaquirá. 

Llegada a Cogua, bello municipio con las características de nuestros pueblos en una plaza central con fuente y arborizada, rodeada de Iglesia y algunas construcciones antiguas, sin pretensiones, pero bellas en su testimonio de otra época. Desayuno apetitoso con bebidas calientes y amasijos.

 Se reinicia nuestro recorrido rumbo al Neusa y luego de algunas dificultades con la ruta, diferencias entre las señales del camino y las indicaciones de Wase, bromas sobre habernos perdido y disfrutarlo como parte del paseo, regresamos al camino que nos condujo al sitio de inicio de nuestra caminata.

Llegamos a la portería del Parque y para mí fue como si lo viera por primera vez. No era el Neusa que yo conocía, del sector del bosque que no tenía portería ni facilidades turísticas. Muchas personas y el gran anuncio con la laguna al fondo para la foto.

Caminantes, guías, morrales, botellas de agua, bastones, sombreros y, por supuesto meriendas y el almuerzo, descendemos de la Van y nos agrupamos para hacer estiramientos, recibimos instrucciones y ahora sí a caminar.

 Un paisaje agreste, con la laguna como telón de fondo, nos inundó con olor a naturaleza por un camino plano hasta que de pronto y sin esperarlo, ví una subida que para los experimentados no era difícil, pero que a mí me costó esfuerzo y tuve que bajar el ritmo para tomar aire, lo cual fue distanciándonos del grupo a mi y mis compañeras Amparo y a la Guía Sindy. Pero a paso lento llegamos al mirador que ofrece la espectacular vista de la represa en todo su esplendor.

Seguimos el camino con delicioso clima fresco, observando la flora, pequeños brotes de agua y respirando aire puro, interrumpido solamente por el tráfico de carros . Breve parada para el refrigerio y para mí un descanso necesario, frente a un restaurante y sitio de camping.

 Continuamos hacia el primer acceso donde nos desconcertó la cantidad de carros que no atendieron el aviso de Prohibido el acceso de vehículos, deteriorando el piso blando convertido en lodazal, y de mucha gente con carpas, hornillas y fogatas.

 Pasamos por sitios donde se hace restitución de pinos, cuyo bosque en mi ignorancia era el mayor encanto del Neusa, con flora nativa para proteger el equilibrio del medio ambiente

Paso a paso llegamos a otro acceso para almorzar y contemplar la represa. Seguimos para ingresar a la Reserva Laureles, rodeados por un hermoso túnel de plantas en floración, arbustos y una pequeña quebrada con piedras para recorrerla, algunas franjas de lodo y adivinen, ZAS se me fue un píe y el zapato quedó mojado y embarrado pero con lodo y agua del Neusa. Eso no era cualquier cosa. 

Tramo final, estiramiento, algunas querían más caminata, yo no, tenía mis últimas fuerzas apenas para estirar y sentarme en la Van. 

De regreso una parada para postres y café que tuvieron que agilizar Over y Sindy por la gran ocupación que había. Todos satisfechos y a emprender camino a Bogotá, con buena luz y la esperanza de llegar antes de la noche hasta ingresar a la Autopista. Pero qué va. Todos sabemos lo que es la entrada a nuestra ciudad por cualquier vía. Carros, carros y más carros, a paso de tortuga y sin aviso una lluvia que se fue convirtiendo en fuerte aguacero. En cierto lugar de la autopista, cuya razón nadie comprende, el tráfico comienza a moverse, llegamos a la 170 y se bajan las primeras caminantes quienes tuvieron que volver a sacar impermeables etc. De ahí en adelante en menos de 20 minutos llegamos a la 134 y en cercanías de la 127 no caía ni gota de agua. Llegamos a la 100 donde bajé con Francy y para nosotras había terminado la aventura, mientras los demás llegaban a sus casas.

 Gocé la experiencia, medí mis fuerzas, pude interactuar con otras personas, conversé, me reí, respiré aire fresco, caminé en libertad, todo lo que sentimos restringido en esta dura época que estamos atravesando. 

Gracias a Viajar y Vivir, a Over, Sindy y el conductor, a Amparo que me invitó a esta maravillosa vivencia. 

Edda Madrid-Malo Agosto 15 de 2021

 

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